Este proyecto de 24 m² desarrolla una cocina en línea shaker blanca, con puertas de tablero recto y tiradores en bronce envejecido que aportan un aire clásico y atemporal a los muebles perimetrales. La modulación combina bajo mesón con cajoneras de gran capacidad y muebles altos hasta el cielo, optimizando el almacenaje sin perder liviandad visual.
En el mueble bajo mesón junto a la ventana se integra un lavaplatos de granja en porcelana blanca de doble cubeta, con grifería en bronce antiguo de dos llaves y llave auxiliar independiente para el purificador de agua, reforzando el carácter clásico de todo el conjunto de muebles.
La isla central es el gran protagonista: un volumen de gran formato en azul petróleo, con panel frontal decorativo en cruz que le entrega personalidad y rompe con la paleta neutra del resto del mobiliario. Tanto el perímetro como la isla están coronados por una cubierta en Steron blanco, que aporta continuidad, resistencia y una superficie de trabajo higiénica y de fácil mantención, proyectándose en la isla como barra de desayuno con capacidad para tres puestos.
El contraste entre el blanco de los muebles perimetrales y el azul profundo de la isla, unido a la coherencia de las manillas en bronce en ambos volúmenes y en la grifería del lavaplatos, genera una cocina con identidad propia: funcional, elegante y con un punto de color que la distingue.





